domingo, 9 de marzo de 2014

El viaje

De las múltiples y variadas tareas que acometí a lo largo de mi vida, nunca antes emprendí una aventura tan incierta conscientemente.  A pesar de la gran dosis de ilusión que estoy aplicando, no me ayudan en nada mi escepticismo y el desconocimiento absoluto de todas las sendas y caminos que he comenzado a explorar por primera vez. Resultará imposible que no surjan comentarios críticos a la nueva aventura que he emprendido, pero llegado un determinado momento en la vida (a unos les llega antes y a otros después), ya no le importa nada a uno lo que piensen de él. Es más, cualquier crítica contraria a lo que uno hace o dice, debe ser recibida con agradecimiento, tomando buena nota y utilizándola para seguir mejorando. Hacía muchos años que mi mente, y remarco que mi mente, ya no estaba satisfecha con nada. Buscaba mil y una manera de distraerla y mantenerla activa y ocupada. Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que sin saber porqué y sin ser capaz de reaccionar con determinación y coherencia, mi alma deambuló en la oscuridad sin ser capaz de reconocer, aceptar, afrontar y solucionar aquello que fuera que impedía el más mínimo atisbo de luz al final de aquel interminable túnel oscuro. Era una continua espiral envolvente y descendente que todo lo arrastraba. Incluso me destrozó a mí, y lo que más dolía era que estaba también llevándose por delante a quien más me quería ayudar.

Pero aquello pasó. Salí de aquel túnel y volví a ver la luz. Pero aquello, pienso ahora, me dejó tocado, porque ni el sol que tanto brilla y que ciega si lo miras directamente, era suficiente para que de vez en cuando, sin saber nunca porqué, lloviera en mi corazón. Y no había motivos para ello. “Había leña al fuego, comida en el plato y entre las sábanas dormía a mi lado un sueño grato” (Serrat).

Llegó un momento en que mi corazón se hartó de mí. Protestó. Se rebeló. Explotó. Me avisó de que yo no podía seguir así. Pinchazos, latidos fuertes, desmayos, dolor continuo. Hospital, pruebas, análisis, más pruebas. Días que pasaban sin una respuesta a mi mal. Hasta que el último día de mi estancia en el hotel de la enfermedad, el cardiólogo, más enfadado que de broma, me soltó de sopetón parando la máquina que me realizaba una intensa prueba de esfuerzo: ¡Vamos a ver joven!,  ¿usted porqué está aquí? Me pilló desprevenido y no supe que responder. Intenté volver a describir los síntomas que había tenido, pero sin dejarme siquiera casi ni empezar, volvió a la carga: -todo eso ya lo sé. Su corazón es de los más sanos que he examinado nunca, que fuera lo que fuese lo que me había ocurrido, que buscase remedio en otro lugar. Y salí de allí desconcertado sin saber a donde acudir. Me remitían a mi médico de cabecera, pero estaba de vacaciones y el sustituto, de nacionalidad incierta, no puso demasiado empeño ni interés en concederme la ayuda que iba casi suplicando. Los días eran largos, pero las noches se fueron convirtiendo en insoportables. Un continuo desasosiego impedía conciliar un necesario sueño más allá de dos o tres horas seguidas. De esta guisa acudí a lo privado (no me sobraba el dinero, pero uno desesperado, acude donde sea con tal de que le escuchen e intenten ayudarle). Y así fue como, por necesidad fisiológica, caí en el mundo de la droga legal por prescripción facultativa. Y me ayudó a descansar por las noches. Pero de ningún modo, el preciado y ansiado elixir que todo lo cura a costa de inhibir el sistema nervioso central, me auguraba en mis paréntesis de plena conciencia, que aquello fuera a ser capaz de disipar los negros nubarrones que de vez en cuando descargaban sobre mí fuertes chaparrones que me ahogaban. Por mi cuenta y riesgo, queriendo ser siempre consciente de mis actos y no un mero zombi adormilado de por vida, reduje hasta el mínimo la dosis del ansiolítico. Propuse al galeno, el de cabecera que ya había vuelto de sus vacaciones estivales, cambiar la medicación por otra menos inhibidora. Incluso así, seguí reduciendo la dosis a lo mínimo que podía. Y mi corazón volvió a protestar. Nuevo ingreso, que con los antecedentes, se redujo a un chute y a unas horas de reposo y estabilización. Nada importante ya para el Servei Valencià de Salut.

Y ahí andaba yo jugando conmigo mismo y con las drogas. Fiel a su cita nocturna conmigo, mi corazón me visitaba diariamente cada noche despertándome a fuertes latidos, una vez disipado el efecto primero del estupefaciente de turno al que ya me había hecho adicto. Pero bien saben las cuatro o cinco personas, no más hasta el momento actual, que me conocen bien, pero sobre todo una, que no pretendo que mi destino sea un chorro de baba saliendo por la comisura de mis labios. Y sigo desafiando al destino y a mi corazón, mintiendo al médico y drogándome lo menos posible de lo posible. Y así me va. Un corazón al que hago sufrir en exceso y al que no permito que descanse y me deje descansar a mí.

Hoy, nueve de marzo de dos mil catorce, estoy en disposición de agradecerte, CORAZÓN,  que hayas sido y seas paciente conmigo, que hayas soportado mi ingratitud, que hayas protestado insistentemente, que no me hayas dejado de lado y abandonado, y que me hagas sentir que estoy vivo. Gracias.

Ahora, de la mano de tu persona, he iniciado un viaje que no sé ni donde me va a llevar ni cuánto va a durar, ni siquiera si va a acabar o va a ser eterno. Ya sabes de mi escepticismo que no de mi cerrazón. Habrás observado que aplico una absoluta predisposición a recorrer el camino y explorar un concepto del mundo y de mi propia vida que nunca creí que se pudiera plantear. La noche de este día la voy a recordar con gratitud. Mi corazón se dedicó a latir rítmica y tranquilamente, descansando, no protestando y dejándome descansar a mí. Soy plenamente consciente de que esto no va a ser definitivo, pero ya es un logro. Con toda probabilidad, esta noche mi corazón volverá a recordarme que todavía no he hecho lo suficiente por él, me volverá a despertar como lleva haciendo tanto tiempo, pero creo que gracias al camino por el que me lleva el viaje en el que me has iniciado, después de incontables noches, mi corazón descansó.

Y yo sigo aquí, queriendo ser plenamente consciente de mis actos y procurando ser sensato conmigo y con mi manera de pensar, pero necesitado de algo o de alguien (a lo mejor de mí mismo), para que por fin mi existir sea más un disfrute y aceptación, que un sufrimiento y rechazo.

El viaje, mi viaje, de tu mano, no ha hecho más que empezar.

Luis Fernando Berenguer Sánchez.

9 de marzo de 2014.

domingo, 26 de enero de 2014

La distancia no es el olvido

Dicen que la distancia es el olvido. Como en todas las máximas, existen razones de peso para negar la aseveración.  En la presente reflexión hay mucho peso para afirmar que la distancia no es el olvido. En el momento en que escribo, tan sólo han pasado dieciocho horas, y todavía siento la fuerza de tus brazos rodeando mi cuerpo. No miento si digo que no sé ni dónde estáis. Ya me detendré en algún momento de los siguientes días a ubicaros correctamente en el mapa y a aprenderme el nombre de la ciudad que os ha acogido. El país al menos lo sé. Esta vez sí que he notado como se iba un trozo de mí, pero ni dolía ni duele pasadas unas horas;  no sé que sucederá más adelante.  La sensación que me impregna es la de satisfacción y orgullo al ver la valentía, la determinación, y sobre todo, la ilusión reflejadas en vuestros rostros. Siento además una gran tranquilidad al verte tan bien acompañada. No te faltará apoyo, ni compañía, ni ánimo, ni sobre todo cariño.

Quiero que digáis a todo aquel que os pregunte, que a vosotros no os ha echado nadie. Que ha sido vuestra voluntad, vuestra preparación, vuestras ganas de perfeccionar un idioma, vuestra inquietud por afrontar nuevos retos y adquirir experiencias, y por supuesto, la movilidad exterior, lo que os ha llevado a abandonar el país. Decid que España va muy bien. Es necesario que fuera tengan buena opinión de nosotros. Ni se os ocurra mencionar ninguno de los problemas de toda índole que atormentan diariamente a tanta gente.  Que no hay ningún motivo para preocuparse, y menos vosotros que ya no estáis aquí. De entre las muchas cosas que debéis tener en cuenta, destacaría, que si no encontráis trabajo y no cotizáis en el país que os acoge, el gobierno de nuestra madre patria, ha decidido unilateralmente (en todas las mayorías absolutas se decide todo unilateralmente), que sólo os cubrirá en gastos sanitarios los primeros noventa días de vuestra estancia en un país de la Comunidad Europea. A partir de ese momento, no os pongáis enfermos, por favor. Pero no es esto lo importante que ya me estoy extendiendo y encendiendo demasiado y seguro que estáis del todo capacitados para desenvolveros en cualquier situación que os surja por dificultosa que sea. 

Es verdad que, en ocasiones, uno no aprecia lo que tiene hasta que le falta o lo pierde. Y por regla general, algunas veces somos tan necios que solemos desdeñar muchísimas de las cosas de tantísimo valor que tenemos.  Contigo esto no ocurre, porque nada hemos perdido aunque temporalmente nos falte. Sólo hay un matiz a tener muy en cuenta. Como si de un cordón umbilical se tratara, la persona que te dio la vida, está emocionalmente tan unida a ti, que aunque diariamente se pone en contacto contigo, sí que es manifiestamente apreciable una cierta sensación de vacío. Siempre te entendió mejor que yo y ejerció magistralmente de contrapunto a mis reiteradas críticas y reproches. Te aseguro que contigo tiene algo especial y particular. Para ser justo, diría que su especialidad la traslada a todos los que tiene a su alrededor. Esto a veces le juega malas pasadas emocionales de las que afortunadamente no tarda en recuperarse. Pero siento que tu beso, tu abrazo, tu confidencia, aunque en ti impere más  la reserva que la confidencialidad, le hace mucho bien. Además, ahora está claramente en inferioridad ya que le toca lidiar diariamente con dos hombres de difícil toreo.

De todos modos, me gustaría dejar claro que no echo de menos ni uno solo de los abrazos que no te di, ni un solo beso de los que dejé escapar, ni siquiera te echo de menos a ti; porque te pienso y te abrazo, porque te abrazo y te siento, y porque te siento y te beso. Y te abrazo y te siento y te beso a cada instante, porque eres parte de mí, y allá donde estés, estás conmigo.


Luis Fernando Berenguer Sánchez.

11 de enero de 2014.

El soñador solitario

Le conozco desde que nació. Pero no le comencé a tratar hasta pasados bastantes años. Hasta entonces, yo creo que ni él mismo se había parado a pensar en nada. Su vida transcurría como la de casi todos los niños, creciendo, jugando, estudiando, rebelándose ante casi todo, y de vez en cuando, transgrediendo alguna que otra norma de conducta nada relevante. Debo decir que cuando comencé a conocerle mejor no me gustó como era.

Casi siempre está solo. A veces, paseando por  la orilla del río, intenta contar las estrellas; pensando, soñando.  Se le ve eligiendo premeditadamente  la dirección de sus pasos para evitar cruzarse con nadie, y evitar así, cualquier saludo que le resultaría incómodo y en ocasiones violento. Sus continuos pensamientos, siempre aprovechando la voluntaria soledad, se reproducen en voz alta. Articula frases, comentarios y respuestas que daría a los demás, si no fuera  porque lo que él cree que es prudencia y timidez, y que yo creo que las más de las veces es cobardía, no le produjeran la sensación de que su opinión iba a provocar incomodidad y rechazo en los demás. En cuestiones delicadas, en las que lo más probable es que la conversación desemboque en discusión, cuando el nudo de su garganta no consiguió acallar sus pensamientos, la euforia y el nerviosismo por lo inhabitual de semejante comportamiento, le jugaron tan malas pasadas, que mil veces se odió y maldijo.

No es capaz de discernir si la gente le entiende o no. Pueden pensar que es un loco y él no lo entiende, pero yo sé que él está intentando ser fuerte. Su único propósito es seguir luchando para mantener viva la llama de la ilusión y encontrar el camino de la cordura. Puede que alguna vez llore al precipitarse sobre él vivencias del pasado que, para bien o para mal, marcaron su destino. Confía en que nada de ello haya sido en vano. Dicen de él que es un hombre bueno. Algunos se lo confiesan personalmente y él se sonroja y no sabe que decir. Sin embargo, en su mente se producen constantes luchas para discernir qué es el bien y qué es el mal. Cuando, en contra de lo habitual, su conciencia opta por la segunda opción, no puede evitar sentirse satisfecho y mantenerse firme al principio en torno a esa decisión. ¡Pobre de él! Avergonzado y solo otra vez, siempre decide estas cosas solo, golpea impunemente con macizo mazo su manchada conciencia, y antes que su decisión primera tome forma y se refleje en hechos, desanda el camino y opta por lo que él cree el bien, o por lo que alguien le dice que es el bien.

Pero no siempre con todos se conduce así. Ese corazón, que en más de una ocasión le han dicho que lleva en la mano, y que no deje tan a la vista de los depredadores humanos, se le vuelve a veces roca insensible e irrompible. No puede evitar sentirse mal, es una cuenta pendiente del pasado que todavía sigue presente, que le persigue a diario removiéndole la conciencia, y sin embargo siente impotencia al comprobar que es incapaz de reaccionar y hace poco por ablandar del todo su corazón y abrirlo de una vez para siempre, antes que el tiempo convierta en obstáculo infranqueable tal actitud. Se ha de dar prisa, debe vencer sin cruenta lucha, con absoluta resolución y convencimiento, a ese incomprensible orgullo que le hace manejarse así en determinadas ocasiones con determinadas personas, y que puede que le hagan parecer lo que no es. No, cuando lo analizo bien, me doy cuenta de que de orgulloso tiene poco. Quizá pueda decirse de él que tienda al resentimiento. Cuando pierde su buena opinión sobre alguien o algo, puede que la de perdida para siempre. A lo mejor, nada de lo que piensa es cierto, y en verdad, esa apariencia de buenismo y humildad, no es más que, unas veces indiferencia ante la opinión ajena; y otras, una manera  indirecta de presumir. Si alguna vez tienen la fortuna o desdicha de conocerlo bien, se darán cuenta de que cuanto digo de él, es cierto.


Luis Fernando Berenguer Sánchez.
31 de diciembre de 2013.

Mi alma gemela

A estas alturas del viaje, en las que el armatoste físico que nos sostiene empieza a chirriar y el psíquico se desborda a veces con suma facilidad, es necesario echar mano de aquello que en su día nos unió, y utilizarlo sin desfaceller para poder seguir avanzando en la relación con la misma ilusión que el primer día.

Si al repleto zurrón de las emociones le diera por levantar la solapa que las custodia, y no sólo sacarlas a la luz, sino también desvelar la gestión que se hizo de ellas en cada momento, no habría papel suficiente para que quedara constancia de ellas por escrito. Y en algunos casos, sorprendería. Es obvio que el balance es claramente positivo, de lo contrario no estaría hoy aquí escribiendo esto.

¿Será que encontré en ti mi alma gemela? Puede ser. Pero no aquella idéntica y simétrica que reflejaría el espejo puesto delante de la mía. No. Más bien al contrario. Sería difícil encontrar puntos convergentes en todas y cada una de las cuestiones que surgen en una convivencia diaria. Tuve mucha fortuna al encontrar un alma, que de tan gemela, es tan diferente. Un alma capaz de decirme en cada momento en qué estoy errando, porque como todos, yerro a menudo, y bienaventurado aquél que no se equivoca nunca. Yo creo que nuestras almas, por sus características, se necesitan una a la otra, se alternan y se complementan continuamente, y ahí andan, ora empujando, ora siendo empujadas, pero con la firme convicción de su mutua dependencia. Estoy absolutamente convencido de que recibí más que dí. Mi saldo contigo siempre es deudor. Hasta del sol que me ilumina y me calienta, y que veo salir cada día, siento que eres responsable.

Y hablando de sol, ¿cuál de los soles que alumbraste ilumina más? Ninguno más que el otro. Son tan diferentes como tú y yo, y sin embargo, sus brillos ciegan por igual. Y además, son tan extremadamente humildes, que ambos procuran siempre esconderse detrás de su inmensa luz. Pasan sin hacer ruido. Y llegan tan sigilosamente, que incluso da la impresión que el mérito que tiene haber llegado a cada meta, sea menor siendo mayor.

Ignoro que nos deparará el destino a todos. Pero sí que conozco cual es mi intención al respecto, y no es otra que el mío siga ligado al tuyo.


Luis Fernando Berenguer Sánchez.

22 de junio de 2013.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Sinceridad prudente



Al tiempo que escribo la presente reflexión, me asalta la importante duda de no saber si realmente, no por compromiso ni generosidad, le interesan a alguien los pensamientos que constantemente irrumpen en mi mente. La presente vino a colación de una de tantas fotos que se publican en facebook, y que correspondía a una frase de Mario Benedetti que decía: “La sinceridad siempre nos llevará a odiarnos un poco”. Al respecto mantuve unos breves comentarios con dos apreciadas amigas en torno a la conveniencia o no de aplicar la frase a nuestro comportamiento, y apuntó acertadamente una de ellas, “que si a nosotros mismos o a los demás”. En verdad cabía esta acertada consideración. Igual puede ocurrir que alguien nos odie por serle sincero, como que uno se odie a sí mismo después de que su sinceridad haya repercutido negativamente en la amistad o simplemente en el trato con alguien.

Aquello quedó allí, pero en mi pensamiento quedó un poso que de vez en cuando se removía y analizaba una y otra vez, la conveniencia o no, de ser absolutamente sincero con los amigos. ¿Es posible mantener una sincera relación de amistad, cuando las concepciones en cuestión de ideología de cualquier tipo, es diferente? ¿Y si a ello añadimos una condición económica o social dispar, o cuanto menos, con una diferencia apreciable?

Pienso sinceramente, que de eso se trata, que se podrá mantener una cordial amistad siempre que los límites del respeto no superen un cierto umbral de sinceridad, que cada uno posicionará justo allí en donde la sinceridad que se le brinda, no le llegue a molestar. A mi modo de ver, en una relación amistosa, nunca podrá existir una absoluta franqueza. Existen demasiados parámetros, difíciles de evaluar, como para que, aplicado el grado absoluto de la comunicación sincera, no surja algún elemento que por lo menos, no sea bien acogido; aunque la prudencia del interlocutor le lleve a no replicar lo escuchado.

No ya por regla general, sino como modo de comportamiento obligado, para que la amistad cordial perdure, se debe imponer la máxima referida a la propiedad de las palabras y la esclavitud del silencio. No se trata en absoluto de ser un constante esclavo del pensamiento al no expresarlo, sino sí un digno y consecuente propietario de éste cuando se expresa, siendo consciente de la repercusión que pueda tener. Claro, que si a uno le da igual todo, que no lo creo aunque lo diga, debe estar preparado para la réplica, y en caso extremo, para la pérdida de la amistad sincera.

Por todo ello, tanto a los que considero mis amigos, como a los que me consideráis amigo vuestro, disculpadme si no siempre soy absolutamente sincero con vosotros. Siempre procuro mantener una sinceridad prudente para que la opinión no cruce el umbral de la molestia y mucho menos de la ofensa.


Luis Fernando Berenguer Sánchez.
8 de diciembre de 2013.

Constelación de estrellas





E
l día veintidós de junio de dos mil trece, alrededor de las nueve de la noche, en Santa María (Font Roja), mientras conmemorábamos el veinticinco aniversario de nuestra boda, la superluna nos sorprendió acechando en el horizonte tras la cumbre de una montaña. Quiso el destino que se situara ese día en su punto más cercano a la tierra de todos cuantos está durante el año (a trescientos cincuenta y seis mil novecientos noventa y un kilómetros), lo que hizo que la viéramos un doce por ciento más grande del tamaño menor posible. Era grande, redonda, brillante, con sus tonos de blancos y grises tan acentuados, que se podía distinguir como nos miraba. También dicen los expertos en la materia que hizo aumentar las mareas, pero desde donde estábamos, en plena montaña, no lo pudimos apreciar.

Pero eso no fue lo más importante esa noche. Lo realmente fantástico es que, mientras suspiraba la luna, impasible y celosa, abajo, nos sentimos envueltos y arropados por una gigantesca constelación de estrellas, no por su número, sino por su grandeza. Allí, en medio, estábamos nosotros, sorprendidos, contentos y emocionados hasta el extremo que permite la emoción, dejándonos llevar ante tanta muestra de aprecio y gratitud.

Pareció sencillo, pero no lo fue. Entre bambalinas habían discurrido los secretos, las ideas y los preparativos para tan magnífico acontecimiento. Una sala de máquinas bulliendo sin cesar precedió a esa noche con unas voces más cantantes que otras, pero todas dignas de nuestro mayor reconocimiento.

Allí estabais todos otra vez, y ahora me vais a permitir que me dirija, sin referirme implícitamente a nadie, a todos y cada uno de vosotros. A saber:
 Tú, que sin ti nada tendría sentido. Vosotros, que sois nuestro motor y que sin vosotros no seríamos los mismos.
Tú también, que aprendes rápido y bien niña, lo cual te dignifica y me llena de orgullo y satisfacción. Claro, que no aprende más quien puede, sino quien quiere, y cada día das muestras de tener un alto interés en seguir aprendiendo de las lecciones que te da la vida, tanto de los buenos maestros, como el que tienes cerca, como del resto que formamos un nutrido grupo de aficionados docentes con aires de superioridad ficticia.
Y me impresiona tu fuerza, mujer, esa que te brota de lo más profundo de tu voluntad y que refuerza la luz del magnífico sol que te iluminó un buen día e hizo renacer en ti la alegría. Me emociona ver aflorar en tu rostro una doble sonrisa pugnando por prevalecer sin que seas tú quien la decida. Lo que eliges es siempre mostrarla poniendo de manifiesto un digno ejemplo que otros, no sólo nos obcecamos en no seguir, sino que elevamos a categoría lo que debería ser y es, anécdota.
Y vosotros, que no llegasteis ni antes ni después del momento preciso y que no vinisteis a desbancar corazón alguno, sino a compartir y engrandecer el espacio común. Pasó el tren del destino y decidimos subirnos en él. El viaje continúa a cortos e intensos intervalos cargados de sentimiento, alternando con otros de manifiesta pasividad que casi siempre impone la distancia.
Y también vosotros, que habéis puesto de manifiesto en todo momento ejemplos de valentía y madurez, de inteligencia, de respeto y necesidad hecha virtud de independencia, pero que al menor reclamo se hace notar vuestro cariño.
Y vosotros, como no, que aunque parezca que asomáis con timidez tras la vorágine, sólo es eso, apariencia, porque en sí, vuestra presencia y manifiesta colaboración en todo, es muestra más que suficiente del profundo amor que desprendéis.
A vosotras, que aún pareciendo que no estoy o no estáis, tengo muy presente quien sois y lo que representáis siempre para mí. Y en vuestro caso, no creo necesario adornar innecesariamente lo que siento por todos vosotros.
Que no se le ocurra pensar a nadie de los presentes en esa celebración, que el agradecimiento ya está todo repartido. Quizás el mérito de lo acontecido sí. Pero, ¿y vosotros? Sí, no miréis para otro lado. Entre vosotros todavía queda gente muy cercana que merece ese tratamiento distintivo, que poco a poco se va perdiendo entre los jóvenes, que yo me resisto a dejar y que me es muy grato verlo utilizar a otras personas. Son ustedes, utilizado el usted como muestra de reconocimiento y respeto. Ustedes, que han luchado con denuedo contra el destino y han conseguido llegar al presente con la conciencia tranquila por el trabajo bien hecho. Así debe ser la impresión que tengamos de ustedes, aunque los tiempos y los pensamientos hayan cambiado. Debemos hacer un esfuerzo y dirigirnos con ese trato a toda persona digno de él.
Y en el fondo de nuestro fondo, aunque casi siempre me cueste mostrarlo abiertamente y las circunstancias presentes lo desvirtúen,  hay un lugar de privilegio para vosotros dos en especial. Nos lo pusisteis muy fácil desde el comienzo y sois parte viva y activa de nuestras vidas desde el día en que, los que hoy somos agasajados con tanto afecto, nos conocimos.

Pues eso, sincera gratitud a todos los que estuvisteis ahí desde el principio de los principios, aunque algunos ya no estén presentes entre nosotros, y a los que os habéis ido incorporando a nuestras vidas con el inexorable paso del tiempo, medida que marca sin piedad aquello que fuimos. Espero haberos hecho pensar a cada uno de vosotros para que consigáis identificaros en el párrafo y la descripción correcta. Tanto si he acertado, como si me he equivocado, espero no haberos defraudado con mis subjetivas impresiones. Seguro que os merecéis mucho más de lo que doy.

A todos.
Luis Fernando Berenguer Sánchez.
15 de septiembre de 2013.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Carta abierta a los integrantes del Novelda C.F. "B"



Hoy es domingo, ha vuelto a amanecer y ha salido el sol. Siempre sale el sol. Sentía la necesidad de transmitir mis sentimientos después de una jornada emocionalmente intensa y siendo capaz de relativizar los acontecimientos, dándoles la justa importancia sin que los hechos nublen el horizonte.

No sé en qué modo y manera serán acogidas mis palabras cuando me dirijo a vosotros. Imagino que, dependiendo del carácter y personalidad de cada uno, de una manera distinta; aunque en general percibo una buena recepción. Lo que os garantizo es que la intención no es otra que aportar un pequeñito grano de arena a vuestra mejora tanto individual como colectiva, y no solo deportivamente.

Tenéis la inmensa suerte de estar apoyados y respaldados por un magnífico grupo de personas (que creo que sabéis quienes son), que han hecho posible no sólo que el Novelda C.F. como entidad no desapareciera, sino que han conseguido hacer realidad la ilusión de crear un equipo senior que sirviera de enlace para posibles incorporaciones de futbolistas al primer equipo.

Sois tremendamente afortunados al estar dirigidos por una persona joven, magníficamente preparada, insultantemente atrevida en lo deportivo, con una confianza en vosotros digna del mayor elogio y con algo que seguro que para casi todos pasa desapercibido: “gestos y decisiones con cada uno de vosotros que pretenden transmitir siempre un mensaje positivo”. Además cuenta con la colaboración y asesoramiento de una persona joven, sensata, nada impetuosa y muy receptiva, que estoy convencido que aporta acertadamente puntos de vista complementarios a su superior y amigo.

Formáis parte de un proyecto que no tiene porqué ser inmediato. Toda obsesión por un objetivo final, sin tener demasiado en cuenta las dificultades diarias que surgen irremediablemente, puede resultar contraproducente para la consecución de dicho objetivo. Soy de los que confía únicamente en el trabajo diario, en el sacrificio individual y colectivo, en mantener viva la ilusión y levantar la cabeza ante cualquier adversidad, sea colectiva por un resultado adverso; o individual por un cambio, una no alineación o una no convocatoria, e incluso una lesión.  Sólo sirve sacar la “mala leche deportiva” que cada uno tenga, tirar de amor propio, confiar en uno mismo, respetar las decisiones, seguir trabajando con humildad y apoyar al grupo. Como bien ha apuntado alguno, remando juntos se llega más lejos. Y se llegue donde se llegue, la conciencia debe quedar siempre tranquila.

Para finalizar, os aseguro que estoy gratamente sorprendido, porque a pesar de vuestra juventud, estáis poniendo de manifiesto una madurez, un compañerismo y un espíritu de sacrificio, que sin duda alguna os hará crecer tanto deportiva como personalmente. Y si alguno ha tenido la tentación de desengancharse del grupo, le ruego recapacite y siga trabajando, porque llegará un momento en que su aportación, será tan valiosa como lo es ahora la de otros compañeros.

Como apuntaba al principio, me parecía esta la mejor manera de que os llegara algo que sentía necesidad de transmitiros. Gracias por vuestra actitud y comportamiento, y os animo a seguir trabajando cada vez que os pongáis las botas. Mi deseo, al igual que el de las personas que os respaldan, es que en un futuro no demasiado lejano, como ya ocurrió en otras etapas, los que venís de abajo tengáis un hueco en el primer equipo.



Luis Fernando Berenguer Sánchez.
17 de noviembre de 2013.